Optimista, no vidente

Si tuviera que elegir una característica como la principal para tener calidad de vida creo que sería el optimismo.

Gracias al optimismo emprendemos proyectos, iniciamos relaciones, abrimos puertas, ….y me preguntaba hoy ¿qué pasa en nuestra cabeza para que a veces estemos optimistas y otras veces no lo estemos tanto? Siguiendo con esta reflexión creo que son tendencias de pensamiento que más bien tienen que ver con la autoestima, es decir, si mi autoestima está bien, mi tendencia probablemente sea optimista.

Taly Sharot, neurocientífica de la University College of London, afirma que es una ilusión, al igual que las ilusiones ópticas. Es decir, que es una elaboración de nuestro cerebro, que a igual realidad elige los datos que le interesan para concluir “es bueno” en el caso de las personas con tendencia optimista y “es malo” seleccionando las partes de la realidad que no son tan buenas en el caso de los pesimistas.

Taly Sharot apunta además que el optimisma no se siente peor cuando no logra sus objetivos porque al ser optimista cree en sus posibilidades de mejora en el futuro.

Es decir, el propio optimismo se retroalimenta.

Además, el optimismo genera factores externos como los causantes del motivo de no cumplir con lo esperado. Vamos, que si falla, el optimista probablemente alegue que se debe a factores externos y así se anime a intentarlo de nuevo.

Al contrario, el pesimista por un lado se atribuye a sus defectos la falta de logro, por lo que el pozo de pesimismo cada vez se hace más hondo y, por otro, cuando el logro se mejora, el efecto es todavía peor en el caso de los pesimistas porque lo atribuyen a la suerte. En el caso del optimista los logros alimentan su ego y retroalimentan su optimismo.

En resumen, fomentar, alimentar y apoyar el positivismo tiene unas ventajas infinitas. Por eso me suele costar entender una respuesta al optimista que suelo escuchar en alguna conversación:

“uy… yo no lo veo tan claro…”. Y el optimista se queda allí parado no sabiendo cómo reaccionar, precisamente porque el optimista habla de ilusiones, no de predicciones. Parece como si estas respuestas “realistas” quisieran transmitir al optimista que deje de hacer predicciones, cuando

la diferencia entre un optimista y otro que no lo es simplemente está en la forma de vivir el presente, en el poder del hoy, no en los resultados de futuro, que probablemente se verán afectados.

Como dice Mario Alonso Puig, “Cómo vemos el futuro determina cómo vivimos el presente”. Por tanto, vamos a romper el círculo. Mañana es hoy.

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