Disculpen las molestias: EL PERDÓN

Tras varias semanas de actividad sin parar, no encontraba la visión y serenidad que me gusta dedicar a cada post.

Cuanto más tiempo iba pasando, a la vorágine se unía la “carga” mental de saber que algo que deseaba hacer con calidad lo estaba dejando de hacer por evitar hacerlo sin calidad.

Haciendo una analogía con las situaciones similares que con frecuencia  nos suceden en lo personal y/o laboral (llamadas, informes, …) ¿qué podemos hacer para evitar las consecuencias que esto tiene?

Existe siempre, en los casos en que hay una “línea de comunicación” más o menos  directa con el receptor, una forma para mi sencilla y rápida de, al menos, eliminar el primer impacto: el efecto sobre lo que el otro puede esperar.

Podemos, por ello, transmitirle interés informándole, al menos, del estado del trabajo, motivo o momento en que llamarás, de manera que este pequeño mensaje le está dando ya información  además de demostrar respeto por algo con lo que además puede que te hayas comprometido.

Cuando esto no ocurre, es decir, obviamos este mensaje temporal, o como me ha ocurrido a mi, dejo sin las entradas que quisiera en el blog, lo que considero corresponde es pedir perdón. Y al llegar a este punto, aprovecho para tratar el matiz que suele aparecer como “personaje secundario” en la película de nuestra vida y que conocí gracias a Fred Hoffman en Metamaganement: el perdón se refiere a uno mismo, no tanto al otro, es decir, al que solemos dar el papel protagonista, el hecho de pedirle perdón y descansar.

Sucede algo, por ejemplo, con una acción nuestra no estamos conformes, creemos que hemos actuado mal, …..,  y pedimos disculpas… ahí cerramos el círculo. Como si de cara a la galería fuera todo lo que importase, como si solo la apariencia fuera tenida en cuenta. ¿Entonces repetirás o no el fondo del asunto? ¿Caerás en la misma costumbre?

Para que el hecho verdaderamente no vuelva a repetirse, lo primero será que te comprometas a ello, que te comprometas contigo. Porque

un compromiso no solo es algo que anunciamos al otro sino que es algo que adquirimos con nosotros.

Por tanto, el perdón tendrá en igual forma que empezar por uno.

El significado de este perdón propio e interno tiene el poder sanador de la reflexión personal y en solitario sobre qué hemos hecho, para qué, y qué deberíamos haber hecho y haremos la próxima vez.

Cuando nos perdonamos, entonces nace el perdón genuino hacia los demás puesto que ya hemos hecho el trabajo de analizar lo que cambiaremos para que esto no vuelva a suceder.

El sentimiento profundo del bienestar al que llegamos cuando nos perdonamos lo veo reflejado en las palabras que la enseñanza hawaiana de  Ho`ponopono dice, y que nos las decimos a nosotros:

“Lo siento mucho. Perdóname. Te amo. Gracias”

En septiembre más, y ojalá mejor.

Sed felices

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