Las palabras…no ¡no se las lleva el viento!

Cada vez que escucho esta expresión algo dentro de mi me “chirria”. Esa voz, que como Rumi dice (“hay una voz que no usa palabras….escúchala”

Y hace pocos días escuchando la radio y conduciendo, que es cuando muchas veces se me ocurren algunas claves o asiento ideas que llevan tiempo fraguándose gracias a la colaboración y co- creación de todos, pensé: ¡eso es! El interlocutor que hablaba dijo la fatídica frase: “¡las palabras se las lleva el viento!! Y de repente se conectaron algunas neuronas internas. ¡No! Esta expresión es una más de este concepto de que:

  • “Hacemos las cosas para los demás!”
  • No hacemos las cosas para nuestro propio beneficio
  • Por que entendemos que se trata de un egoísmo mal entendido
  • Porque el concepto de autoestima está o ha estado poco cultivado en nuestro sistema educativo.

Me explico. ¿Qué quiero decir con esto de que las palabras no se las lleva el viento? Quiero decir que siempre que hablamos, aunque luego los demás hagan otra cosa porque no nos hagan caso o porque alguien se “desdice de su palabra”, lo más importante a destacar es que cuando alguien habla, habla para él en primer lugar.

Quiero decir que las palabras nunca se las lleva el viento en el sentido de que siempre nos sirven en primer término a los propietarios de ellas, transformas nuestra neurología y generan en uno mismo, desde un primer paso para indicar al otro, por ejemplo, dónde están tus límites, hasta en otras ocasiones, tus intenciones o futuras consecuencias.

Parece como si al usar la expresión “las palabras se las lleva el viento” estuviéramos apostando por una filosofía de “no te fíes”, es mejor no hablar y así vamos generando en distintos contextos la cultura del silencio y la falta de valor a la hora de decir lo que quiero, lo que necesito, lo que me gusta y lo que no.

Recientemente en una situación deportiva interioricé un aprendizaje relacionado con esto que me dio mucha luz:  cuando no usamos las palabras en algo que nos disgusta, esta situación se mantiene en el tiempo, con el agravante y falta de coherencia que suelo observar de que nos quejamos de que las cosas “no cambian” y además “por culpa de esa persona que es quien las provoca”. Yo, que suelo participar del debate, pregunto: ¿se lo has dicho al causante? Y la respuesta es… no…. para qué…. las no sirven para nada …se lo dije una vez y no me hizo caso, las palabras se las lleva el viento…. no sirven de nada (¡si…te sirven a ti lo primero y quizá con el efecto goteo le servirán al otro que se dará cuenta de que tiene que cambiar si todos se lo dicen siempre!)

En resumen, habla, pon límites, di lo que necesitas siempre combinado con una dosis importante de compasión y amor, dado que lo que suele generar rechazo a esta crítica es la manera, la forma. En resumen, como Gonzalo Britto escribía en su blog cultivar la mente, Ama y pon límites.

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